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sábado, 19 de diciembre de 2009

¿Se deben medir los conocimientos o la comprensión?

Cuando una persona estudia suele tener varios objetivos, pero los dos principales son sacar una buena nota y aprender. Generalmente a un buen estudiante no se le puede definir viendo por cual de estos dos valores se decanta más, pero sí se puede decir cual será el que afronta ese estudio de forma más entusiasmada. Todo el mundo que ha estudiado sabe, que por mucho que se sepa todo, a la hora de verdad en el trabajo también deberá aprender muchas cosas nuevas. Pero sin duda, la base de los conocimientos es muy importante.

Ahora bien, cuando llega la hora de la verdad en el examen, hay personas que suelen ponerse más nerviosas, otras que no se expresan todo lo bien que podrían, otros que van muy seguros de si mismos, los típicos que no pueden parar de preguntar conceptos de última hora antes de entrar... Cada uno de nosotros actuamos de una forma distinta en esas situaciones de nervios. Y es comprensible, siempre nos solemos jugar bastante.

Pero, ¿qué ocurre cuando el examen, en lugar de buscar tus conocimientos, lo que busca es que te equivoques? ¿Qué ocurre cuando te sabes todo lo que pueden preguntar y te hacen preguntas donde depende de la percepción del profesor en el vocabulario para tener la respuesta correcta o no? Sí, me refiero a los exámenes tipo test. Exámenes que el estudiante suele preferir cuando no se sabe lo que tiene que estudiar a la perfección, pero que a la larga son tremendamente injustos para la persona que más estudia. Si sabías la respuesta a esa pregunta, ¿por qué has de depender de una conjunción sensorial con lo que el profesor cree que es correcto para sacarla correcta?

Comprendo y entiendo que es más cómodo corregir un examen tipo test. También veo normal que en exámenes donde se presentan una cantidad ingente de personas sean así. Pero no dejan de ser injustos. Ya que no premian del todo al que más sabe, si no al que más acierta con la forma de pensar del que lo corrige...

sábado, 5 de diciembre de 2009

Un trabajo bien hecho

Conseguir ligar con la persona que te gusta, ir de compras y poder elegir lo que quieras, estar en un sofá bajo una manta mientras escuchas llover, tumbarte en una bañera de agua caliente y quedarte todo el tiempo que quieras relajado... cada persona es distinta, pero hay ciertos puntos en común que, salvo excepciones, a todos nos producen las mismas sensaciones de bienestar y gozo. Y es así como me siento yo ahora.

Estudiar tiene muchas desventajas si lo comparamos con trabajar. El esfuerzo siempre es voluntario, hay que hacerlo a todas las horas, y mucho más allá del horario lectivo. Dicho esfuerzo no siempre se ve recompensado con resultado, y encima no ves ni un duro por él. Por estas razones conozco a muchos que odian estudiar.

Pero, ¿y las ventajas? ¿Y la satisfacción tras todos los exámenes de darte cuenta que tu esfuerzo ha merecido la pena y ha sido recompensado? El poder relajarte y decidir estar unos días completamente ajeno a todo, sin hacer nada y saboreando las mieles del éxito gracias a tu trabajo. Y todo ello sin olvidar el tremendo placer del hecho de aprender cosas nuevas cada día. ¿No nos acordamos de cuando éramos niños? Éramos curiosos, y queríamos saber cada vez más, con avidez. ¿Por qué las personas pierden esa maravillosa cualidad cuando crecen?

Hoy, en la treintena, vuelvo a ser el niño que fui. Y por unos días, soy de nuevo muy feliz.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Exámenes

Llegó la época de los primeros exámenes. Los tests que miden los conocimientos, las pruebas que demuestran si sabes lo que debes, los obstáculos que todo estudiante debe superar... Con ellos llegan los primeros nervios, las caras reflejan la falta de sueño y los excesos propios de la última hora. Hasta alguien como yo, una persona que suele afrontar los exámenes con bastante confianza, siento en estos días una tensión especial.

Siempre pensé que los exámenes eran, en realidad, bastante injustos. Premian a las personas con mayor capacidad de memorizar, y generalmente, no a las personas que más han trabajado o que mejor saben razonar. Algún tipo de sistema se ha de tener para valorar al alumno, pero tengo mis dudas de que este sea el mejor.

En la universidad, esto se ve agravado, ya que normalmente te juegas todo a una sola carta en febrero o junio. Este problema dicen que se va a solucionar con la entrada del plan Bolonia, pero tengo serias dudas de que profesores chapados a la antigua empiecen a hacer parciales, y a juzgar al alumnado por una evaluación continua que en la universidad prácticamente no existe en muchas materias.

Se verá. Pero por ahora, aún no estoy allí...