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sábado, 5 de diciembre de 2009

Un trabajo bien hecho

Conseguir ligar con la persona que te gusta, ir de compras y poder elegir lo que quieras, estar en un sofá bajo una manta mientras escuchas llover, tumbarte en una bañera de agua caliente y quedarte todo el tiempo que quieras relajado... cada persona es distinta, pero hay ciertos puntos en común que, salvo excepciones, a todos nos producen las mismas sensaciones de bienestar y gozo. Y es así como me siento yo ahora.

Estudiar tiene muchas desventajas si lo comparamos con trabajar. El esfuerzo siempre es voluntario, hay que hacerlo a todas las horas, y mucho más allá del horario lectivo. Dicho esfuerzo no siempre se ve recompensado con resultado, y encima no ves ni un duro por él. Por estas razones conozco a muchos que odian estudiar.

Pero, ¿y las ventajas? ¿Y la satisfacción tras todos los exámenes de darte cuenta que tu esfuerzo ha merecido la pena y ha sido recompensado? El poder relajarte y decidir estar unos días completamente ajeno a todo, sin hacer nada y saboreando las mieles del éxito gracias a tu trabajo. Y todo ello sin olvidar el tremendo placer del hecho de aprender cosas nuevas cada día. ¿No nos acordamos de cuando éramos niños? Éramos curiosos, y queríamos saber cada vez más, con avidez. ¿Por qué las personas pierden esa maravillosa cualidad cuando crecen?

Hoy, en la treintena, vuelvo a ser el niño que fui. Y por unos días, soy de nuevo muy feliz.