Esta semana he dado, involuntariamente, un paso más hacia mi declaración de intenciones en mi entorno. Aún pocas personas de mi alrededor conocen mi verdadera intención tras las largas horas de estudio y el esfuerzo que estoy dedicando día a día. De hecho, mis profesores no tenían conocimiento de ello, hasta esta semana.Quisieron las circunstancias que, en una conversación sobre dudas, confesase a una de mis profesoras mis verdaderas intenciones tras acabar el ciclo formativo. Ella me miró pensativa, y me preguntó por qué quería hacer una carrera tan larga y tan exigente. Yo le respondí la verdad. Me gusta mucho lo que estoy estudiando relacionado con la medicina, tanto que disfruto mucho estudiándolo. También me gusta ayudar a las personas, y no me importa esperar seis, diez o veinte años para poder hacer algo en mi vida que me gustase y a la vez me dejase satisfecho.
Ella sonrió. Me dijo que me gustará la carrera y que ella si tuviese que volver al pasado volvería a estudiarla también, ya que es muy bonita. Me entendió perfectamente, y me ha hecho sentir un vínculo que solo las personas como nosotros pueden entender.
No voy a negar que me ha animado. Esta semana el camino se me volvía a hacer cuesta arriba. Son muchas cosas que estudiar y la nota a sacar es muy alta. Todo parece tan lejano que hasta el espíritu más imperturbable sufre altibajos.
Pero lo voy a conseguir...



